| Ernesto Solís Orantos |
Dice Elvira Lindo que, de la misma manera que el chismoso no puede evitar contar un secreto, el narrador cae siempre en el vicio de escribir lo que vive. Ahí me ha pillado. Caigo en este vicio una y otra vez desde que alguien me regalara un diario por mi primera comunión. En una pelea con mi hermana me lo cogió y se lo dio a leer a mi padre. Años más tarde, mi madre también lo leería, para su disgusto. En contra de lo que pudiera imaginar, esta invasión de mi intimidad no me molestó. Fue cuando descubrí que yo escribía para que me leyeran, no por narcisismo sino porque era la mejor herramienta que tenía para comunicarme con el mundo. No sé si mis pensamientos y/u opiniones pueden interesar a alguien pero necesito escribirlos, sacarlos fuera de mi cabeza, compartirlos. Hoy, especialmente, la necesidad se me torna urgencia. Me siento triste e indignada.
Yo no soy de las personas que se conforman con lo que les toca, soy de las que luchan, protestan y no se callan ni debajo del agua. Cuando era jovencita esto me traía problemas y más de una puerta se me cerró en las narices (una vez busqué empleo en una fundación y me explicaron que no me contrataban porque el resto de empleados tenía un ritmo de trabajo que no era el mío y podrían verse superados -totalmente verídico-). Ahora, con la edad, he aprendido a ser más comedida, sobre todo más respetuosa, más empática... a escuchar mucho y bien antes de hablar. He aprendido a no juzgar jamás a los demás y, sobre todo, a no generalizar. No todos los políticos son corruptos, ni todos los bancos inhumanos, ni todos los jefes de estado idiotas... Esto me ha dado mucha tranquilidad y algo de serenidad. A pesar de ello mantengo una intolerancia enfermiza ante la injusticia, la falta de solidaridad o de caridad.
Ojo que avisé que éste era mi año selvático, pues como si nada... Venga a jo...robármelo con primas de riesgo, recortes inauditos (si recortamos en Educación... ¿qué nos queda?), miles de millones para salvar, indemnizar y ocultar descalabros económicos... y mientras desahucios, amigos y familiares que pasan penurias por estar en paro (aunque no sé si eso es peor que los que siguen trabajando sin cobrar desde no sé cuándo...). En fin, no continúo porque esto es un desastre absoluto y me pongo mala.
El primer pensamiento que se me viene a la cabeza cuando miro a mi hijo es emigrar. Brasil, Canadá, Nueva Zelanda... Lo pienso seriamente. Esto se nos ha ido de las manos y no nos merecemos el sistema que tenemos. La gente que me quiere me dice ¿cómo me vas a abandonar? y esto me hace dudar... pero hay una cosa que mi compañero de vida me ha enseñado: si dudas, palmas y es el tipo más inteligente que conozco así es que yo, obedientemente, lo aplico a todo -debe ser por eso que parezco segura-. Si lo vuelvo a pensar, no dudaré.
Yo no soy de las personas que se conforman con lo que les toca, soy de las que luchan, protestan y no se callan ni debajo del agua. Cuando era jovencita esto me traía problemas y más de una puerta se me cerró en las narices (una vez busqué empleo en una fundación y me explicaron que no me contrataban porque el resto de empleados tenía un ritmo de trabajo que no era el mío y podrían verse superados -totalmente verídico-). Ahora, con la edad, he aprendido a ser más comedida, sobre todo más respetuosa, más empática... a escuchar mucho y bien antes de hablar. He aprendido a no juzgar jamás a los demás y, sobre todo, a no generalizar. No todos los políticos son corruptos, ni todos los bancos inhumanos, ni todos los jefes de estado idiotas... Esto me ha dado mucha tranquilidad y algo de serenidad. A pesar de ello mantengo una intolerancia enfermiza ante la injusticia, la falta de solidaridad o de caridad.
| Mi hijo dando ánimos a su padre |
El primer pensamiento que se me viene a la cabeza cuando miro a mi hijo es emigrar. Brasil, Canadá, Nueva Zelanda... Lo pienso seriamente. Esto se nos ha ido de las manos y no nos merecemos el sistema que tenemos. La gente que me quiere me dice ¿cómo me vas a abandonar? y esto me hace dudar... pero hay una cosa que mi compañero de vida me ha enseñado: si dudas, palmas y es el tipo más inteligente que conozco así es que yo, obedientemente, lo aplico a todo -debe ser por eso que parezco segura-. Si lo vuelvo a pensar, no dudaré.
| Joaquín, haciéndome peinados imposibles |
Todo esto lo cuento porque, repito: estoy en mi año selvático. Esto se traduce en una jornada vital consistente en cantarle nanas a mi hijo, inventar historias de dragones y estrellas, hacerle fotografías, dejarme peinar por mi marido, disfrazarnos, cocinar, dormir siestas eternas, bañarnos todos juntos, preparar cenas románticas a la luz de las velas, besar a mi niño hasta que se me irritan los labios, pasear hasta el infinito... vamos, las cosas que de verdad importan.
... Yo no puedo disfrutar de mi vida si a mi alrededor los demás no pueden hacerlo. Así es que, ya me conocéis, lejos de amilanarme, me pongo a buscar soluciones. En mi casa y en mi caso tengo plan A, plan B, plan C y, si no funcionan, hasta luego, Lucas, consciente de que lo más sencillo es abandonar mi patria ahora que, gracias a Internet, soy, como todos los que estáis leyendo, ciudadana del mundo. Antes de eso leo, miro, observo, escucho con mis seis sentidos y, afortunadamente, siempre encuentro algo de esperanza. Esta semana ha sido gracias a Guillermo Dorronsoro, un tipo sensato, inteligente y con una trayectoria profesional brillante. Al fin alguien me da una buena noticia: este sistema no funciona y lo tenemos que cambiar... la crisis es la oportunidad para hacerlo... y lo vamos a hacer... como lo hemos hecho siempre... ¿acaso no sucedió lo mismo en la época feudal y en otras épocas?... En España hay mucho talento... y saldremos de esta. Mmmm... gracias por el oxígeno. Necesito que me dure para poder gestionar mi entusiasmo con acierto, para servir a mis compañeros, para no leer la prensa con pinchazos en el hígado y en el corazón. Claro que saldremos de ésta porque si no lo hacemos es que ya no habrá ésta de la que salir.
... Yo no puedo disfrutar de mi vida si a mi alrededor los demás no pueden hacerlo. Así es que, ya me conocéis, lejos de amilanarme, me pongo a buscar soluciones. En mi casa y en mi caso tengo plan A, plan B, plan C y, si no funcionan, hasta luego, Lucas, consciente de que lo más sencillo es abandonar mi patria ahora que, gracias a Internet, soy, como todos los que estáis leyendo, ciudadana del mundo. Antes de eso leo, miro, observo, escucho con mis seis sentidos y, afortunadamente, siempre encuentro algo de esperanza. Esta semana ha sido gracias a Guillermo Dorronsoro, un tipo sensato, inteligente y con una trayectoria profesional brillante. Al fin alguien me da una buena noticia: este sistema no funciona y lo tenemos que cambiar... la crisis es la oportunidad para hacerlo... y lo vamos a hacer... como lo hemos hecho siempre... ¿acaso no sucedió lo mismo en la época feudal y en otras épocas?... En España hay mucho talento... y saldremos de esta. Mmmm... gracias por el oxígeno. Necesito que me dure para poder gestionar mi entusiasmo con acierto, para servir a mis compañeros, para no leer la prensa con pinchazos en el hígado y en el corazón. Claro que saldremos de ésta porque si no lo hacemos es que ya no habrá ésta de la que salir.






