domingo, 16 de enero de 2011

El amor es devastador

Llevo unos días dándole vueltas a este post. No quería escribir sobre el amor, ya he escrito demasiado sobre ello, pero ¿sóbre qué otra cosa podría escribir hoy? ¿es que hay algo que no esté desmesuradamente relacionado con el amor? ¿hay algo que importe más?
En mi familia tenemos la desafortunada costumbre de medir la felicidad en gramos de amor o en kilos de sobra, es decir: a menos amor, más gorda. Esto nos sume en una bipolaridad de piel estirada y encogida que a todos ojos es perjudicial para nuestra salud física y mental. Mi madre nos lo explicaba de pequeñas: es por la angustia a no ser correspondida, no te deja comer, ni beber, ni dormir... Y nosotras nos lo creímos. Desde entonces arrastramos ese lastre, como en una tragedia griega, buscando un amor, no uno cualquiera, uno que nos destruya, que nos arrase y que nos asole... sabiendo que después lloraremos, pero mientras... mientras adelgazaremos. Confieso que es una concepción algo superficial del amor, algo carnívora, con un deseo excesivo y un olvido absoluto por el respeto, la admiración, el compartir, escuchar, acompañar, compadecer (padecer-con), sentir...

He tardado mucho en aprehenderlo. Por alguna razón que se me escapa resulté ser la menos romántica de las tres, así es que no me dio por esperar príncipes azules con kleenex en las manos sino por salir a la calle a buscar personas estimulantes, interesantes, sinceras, complejas, apasionadas, inteligentes, diferentes, únicas... y las he encontrado. Con seguridad, ésta es mi mayor fortuna. Ahora, con los años, pierdo praxis y me pierdo en alguna mirada, me cuelgo de algún gesto y me anclo a la voz del que me canta...

Ahora, hoy, yo soy el amor.

3 comentarios:

  1. Que verídico!
    Eres buena abogada...
    Con tu boca de incendio... se nos hace la boca agua!!!!

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  2. Eres mi musa del vocabulario!
    Te seguía con MM, y ya soy adicto a BI.
    Felicidades

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