martes, 22 de marzo de 2011

Errare humanum est

Ya lo dijo Séneca: equivocarse va implícito a la naturaleza humana, así es que equivocarse es de personas y las personas que no se equivocan son menos personas. Entonces, ¿por qué equivocarse está mal visto? ¿por qué se identifica con fracaso y no con aprendizaje o con éxito? ¿a qué tenemos miedo?

A mí me daba mucha vergüenza equivocarme. Me equivoqué al abandonar mi carrera de periodismo. Me equivoqué. Al volver a mi casa me sentía una fracasada. No importan las razones, no interesan a nadie, el hecho, eso es lo importante, porque yo me he criado en una cultura en la que el HACER pesa sobre el SER, así es que, en ese momento, no era nada; tiempos difíciles: no quería salir a la calle y tener que dar respuestas a todo aquel que me preguntara -entonces creía que lo importante era tener la respuesta, ahora, por fortuna, sé que lo extraordinario es saber hacer la pregunta- así es que estuve mucho tiempo sin salir de casa. Esa fue la primera y la última vez que me rendí en mi vida.

A mí me daba mucha vergüenza equivocarme. En el año 2000 fui elegida para ser consultora junior, al servicio del ex-presidente Felipe González. Era un encuentro de emprendedores y empresarios al que debía dar soporte y atención y, sobre todo, aprender. Mi primer día fue nefasto. Hasta yo misma estaba sorprendida. No estaba a la altura, ni a la de las conversaciones de la mesa ni al presentarme ante el ilustre y a penas malbalbucear mi nombre. No daba una. Al final de la jornada, el propio presidente de la consultora (BDA), don Fernando Flores, me llamó al orden. Yo sabía que el rapapolvo iba ser de órdago y empecé a hacer la maleta. Cuando llegué ante aquel hombretón, dos veces más grande que yo y un millón de veces más sabio no di crédito: ¿te has dado cuenta de tu error? pues ya estás preparada para no volver a cometerlo.



Errare humanum est, sed perseverare diabolicum.

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