domingo, 13 de marzo de 2011

Noches continentales

Tengo un bar de cabecera, ya sabéis, un garito de esos por los que tengo especial predilección (cuando pasas mucho tiempo fuera de casa los bares se convierten en tu mesita camilla con brasero de picón incluido). El Continental lo tiene todo: un pasado oscuro, un presente brillante y un futuro apetecible. El Fredy, que es el piconero, es un tipo excepcional; no sólo da calor, cocina, pone buena música y cuida como oro en paño a todos sus clientes, sino que, para más inri, tiene un don contando historias. En el Conti he conocido al hombre-artista Hilario Bravo (en la foto podéis medio-verlo dando luz y color a mis palabras en el libro sagrado), y al viejo Javier que recita mi nombre de memoria, y a los dos jovencitos que querían llevarnos a bailar un martes de madrugada... En el Continental he reconocido a mis compañeros embajadores de mil batallas y he contado secretos inconfensables mientras Sonia ayudaba a su hija Adriana a dibujar en el ínclito libro. Al Continental suelo ir los martes, o los miércoles o siempre que puedo con Vanessa, que también es una tía fantástica y muy fan de los buenos bares-hogares. Es el premio que me permito, el lugar donde deposito mi cartera, me quito el abrigo y detengo el tiempo para paladear una cerveza bien fría mientras escucho, aprendo y disfruto de la vida, rodeada de buena gente, y me como unos garbanzos de lujo... Siempre que salgo de allí se me ocurren miles de historias, lo que demuestra que es uno de los lugares más inspiradores que he conocido. No sabía cuál contaros así es que se me ha ocurrido parafrasear a mi admirada escribidora Mara Testón que, a la salida del Conti, el miércoles pasado, escribió este tesoro que guardo en mi retina como una fotografía antigua (gracias, Mari):






Si tienes amigos que viajan, ¿para qué quieres tener un marido viajero? Me encanta que viajes y me lo cuentes.


"Huele como huelen mis calcetines algunos días, pero por la noche", dice José remedando un acento ¿cubano?, ¿nicaragüense?, ¿colombiano?


Se refiere a tu té japonés, el que viene en la maravillosa cajita cilíndrica decorada con chinos, digo, con japoneses. José no bebe infusiones y está tonto perdido, además de tener una capacidad dúctil y proteiforme de reproducir acentos, dicciones, gestos..., entre otras cosas.


A mí tu té japonés me parece digno de tu fastuoso kimono quincuagenario de la muertina (la historia del kimono se merece un relato filionipón- chin-pon...), cuando lo veo aparecer racionado dentro de su bolsa de sutil tejido transparente, verde en su teidad de té japonés, con su cuerdecita y su enigmático papelillo rotulado de nipones caracteres verdes donde seguramente dirá "té" o más descriptiva y tautológicamente "té verde". No sabía que una bolsa con té pudiera ser algo tan elegante y tan armonioso, puro lujo asiático en la simplicidad de lo doméstico y privado.


Y entre Monsieur Kim, que se dormía en clase sin que su colega le diese un codazo solidario (la profe mulata y polaca era guapa, inteligente y divertida, ¿por qué se dormiría M. Kim?, ¿o más bien la pregunta era "qué hará este tipo por las noches", como se preguntaba el iraní de la última fila?), y los amigos que vuelven abducidos por esa isla sonriente, precisa y misteriosa; y Hortensia que sueña que baila en Cali su sonrisa africana; y los cuentos del indio que es más clarito que yo, que aparentemente ni soy india ni nada, cuentos de negros y blancos y de todas sus coloraciones intermedias; y Coke y Vane y Fredy y los tubos que parecen de albañiles descuidados y son de inspirados artistas plásticos de vanguardia; y otra vez las albóndigas de espinaca sabiamente incorporadas a la soberbia menestra a la bilbaína, que tienen el don de mover al llanto al abuelo del aprendiz de cocinero con familia desestructurada...






Mi familia son mis amigos así es que tengo una familia extravagante, artista, muy numerosa y bastante maravillosa.

2 comentarios:

  1. Joder ¡qué bien escribes!. En Japón las liao parda.
    Saludos.

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  2. Hay que ver que ni yo me libro de llamarme Nuria o Mónica ni mi hija de convertirse en Alejandra; es lo que tiene que a una le pongan nombres "medio exóticos". Nevermind darling; great story, as usual.

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