miércoles, 30 de marzo de 2011

Veritas vos liberabit

Verdades como puños, verdades como templos y las cuatro verdades del barquero. Las primeras duelen, las segundas te encierran entre cuatro paredes y las otras cuatro son de un colega salmantino que se la pegó a un barquero para que le cruzara gratis el Tormes. No, no, tú no hablas de esas tortuosas verdades sino de la auténtica, la del capítulo ocho del Evangelio de San Juan, la que dijera el mismísimo Jesucristo, la que nos hará libres. Pero, ¿cuál es esa verdad tan fantástica que va a conseguir que seamos libres del todo, sin más? Esa verdad que dejará que el ethos gobierne el mundo o nuestra casa o nuestra alma...


La cuestión que hoy a mí me ocupa es el tema de a quién le dices la VERDAD. Porque tú, como eres muy libre, muy sincero y muy verdadero pues le dices al otro lo que te viene en gana, pero el otro que, a lo peor, no lo es tanto, se queda ojiplático, desconcertado y anonadado como una monja en un bar de carretera. Y, claro, si es la verdad de Cristo, pues me callo y me aguanto, que para eso es Dios, pero si es la tuya...


Te tengo que decir la verdad (esta frase siempre, siempre, es preludio de algo malo, malo). Me gustas, si supieras cuán generoso puedo llegar a ser (pero no lo vas a saber)... Verás (de Veritas) yo estoy enamorado de otra persona, una maravillosa, muy guapa, muy lista y encantadora, el amor de mi vida. A ti también te quiero, no creas que no te quiero, pero la situación es difícil. Conocerte ha sido un alivio, me gusta hablarte, verte. Tú me das libertad, tú me entiendes, tú me escuchas todos mis rollos, incluso los compartes. Quizás, si hubieras llegado hace unos años... Quiero verte... no sé... cuando tenga tiempo -cuando no esté trabajando, con mis amigos o con mi familia-, bueno, no siempre, porque a veces necesito tiempo para mí, para pensar y todo eso porque, con la vida que llevo, estoy realmente cansado... No te molestes si no te llamo ni voy a verte, aunque esté a cien metros de ti, no es que no te quiera, es que mi vida es muy complicada y yo soy limitado, pero contigo es diferente, a ti te puedo decir la verdad.


Pues gracias por la deferencia, encanto. Desde luego éste sí que es un tío libre, pero la otra ya no tiene ni libertad ni ganas de vivir porque, aunque es algo tonta, ya lo sabía todo desde el principio de los tiempos, y no hacía falta contárselo. Ese tipo de verdades y ese tipo de libertades son una mierda, la verdad (la mía).

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