lunes, 4 de abril de 2011

Joint venture

Qué expresión tan glamourosa... qué manía con los extranjerismos... es que me parece un poco de catetos, de verdad, si no tuviéramos vocabulario... pues lo entendería, pero ¿alguien ha probado a leerse el DRAE? que palabras no es lo que nos falta, puede que conocimiento sí, ahí no vamos a discutir.


En este caso -tan de moda ahora porque ya no sabemos qué hacer para salir de esta dichosa crisis, y no me refiero a la laboral (el contrato de joint venture es un acuerdo de colaboración entre dos empresas cuyo objetivo es el desarrollo de un negocio de forma conjunta) sino a la existencial, que de ahí devienen todas las demás- algunos hemos decidido prescindir de cualquier romanticismo y acogernos a esta propuesta que defiende que cuando dos personas inteligentes, generosas, apasionadas y virtuosas -y aquí cada uno que entienda lo que quiera y/o pueda- se unen CON UN OBJETIVO COMÚN, el resultado, en el 99% de los casos, se traduce en beneficio mutuo. ¿Quién puede resistirse? Así es que sales a la calle con tus valores y tus complejos a cuestas, observas, miras y le ves: ahí está, todo lo que tú serías si fueras él y todo lo que soñaste que podría ser. No tienes que moverte, él también lo piensa, no tienes que inclinarte, él ya lo ha hecho. Sólo tienes que beneficiarte, y suena poco ético, pero no lo es. No es egoísta buscar el beneficio propio, sobre todo si éste repercute en el beneficio del otro, así es que tratas de disfrutarlo pero ¿y el resto? ¿puedes disfrutar de esta fortuna si aquellos a los que quieres no la disfrutan? ¿puedes mantener el secreto y ser feliz, sin contarlo, sin compartirlo? ¿puedes vivir sin idealizarlo, sin ser romántico, olvidando la tendencia al parasiempre? ¿de verdad que la aventura ésta es cosa de dos o es un invento tuyo?

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