martes, 21 de junio de 2011

Cuatro emociones, cuatro vestidos

Ana Orantos
El vestido es uno de los mejores instrumentos de comunicación que he conocido, el continente que invita con sutil prestancia a que conozcas el contenido. Siempre he puesto mucho cuidado en lo que me he puesto, de modo que aunque pareciera que me había vestido con lo primero que había encontrado siempre había una intención en ello, de gustar, o de disgutar, de demostrar mi afecto, mi tristeza o mi indiferencia. Así no es extraño haberme visto con traje y descalza, de luto y con carmín rojo, de largo, de corto, semivestida y semidesnuda... porque así es como yo me siento, así es como cuento mi historia. Al igual que una mesa bien puesta revela el gusto del anfitrión y la importancia que le otorga a los invitados; yo me visto para mí pero también me visto para quien me ve, porque lo merece. Me he comprado muchos vestidos, algunos los he cosido yo misma o los he diseñado y manos más buenas, hábiles y artistas los han creado para mí. Mis vestidos son importantes porque son mi modo de decirte lo que siento...

Con mi vestido chino del bazar de la esquina te conté que con cualquier cosa puedo ser feliz, si tú estás; puedo estar en paz, tranquila, en armonía con lo que me rodea, con serenidad y con felicidad... puedo sonreir y ser sociable aunque la procesión vaya por dentro, porque sé que estés donde estés, me ves.

Con mi vestido de cóctel negro te expresé mi sobriedad, mi capacidad para pasar desapercibida, mi poder estar en segunda fila si la ocasión lo requiere, mi gran admiración y mi profundo respeto hacia ti, mis horas de trabajo, mi satisfacción, mi orgullo por ser de ti y para ti...

Con mi vestido verde te trasladé mi deseo, las ganas exacerbadas de tocarte, de besarte, de susurrarte barbaridades al oído... ya sabes...

Con mi vestido negro de guipur y la mantilla negra de la tía Juana quise decirte cuánto te echaba de menos, mi intención de sobrevivir, aunque no le encuentre sentido a nada, mi esperanza, mi dolor, mi inquietud interior... y mi mejor sonrisa porque te llevo aquí, dentro, dentro...


A mi querida Mon, que quiso que lo contara...

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