martes, 14 de junio de 2011

El principio de Heisenberg

Laila Blanco Rodríguez
El principio de incertidumbre establece que cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento.

Esto, que podría llevarnos a horas de conversación megainteresante sobre mecánica cuántica, lo he reducido en algo muy simple que me has inspirado esta mañana: resulta que, cuando no sabes lo que quieres, tienes tendencia a perder el control de la situación, crees que la controlas porque crees saber donde está pero no puedes ni imaginar a qué velocidad se mueve. Si te sirve de consuelo te diré que el 70% de mis clientes vienen a mi consulta porque quieren conseguir algo, que no saben qué es y el 30% restante entran creyendo saber lo que querían y se van con una idea bastante diferente.

No saber lo que se quiere es como desconocer el principio de Heisemberg, no tienes ni idea de qué te hablo por lo tanto te da igual. Si estuviéramos acostumbrados a usar nuestra libertad, a tomar decisiones de forma responsable, no por lo que debe ser, sino por lo que queremos que sea, por nosotros mismos, conoceríamos muy bien nuestro objetivo y una vez conocido el objetivo todo lo demás sería caminar hacia él...

La cuestión es el objetivo. Vienes y me dices que tu hija no actúa como una hija, que debería ir a verte más, debería llamarte más... Nuestros objetivos no pueden cimentarse en la libertad de otras personas, a las personas hay que dejarlas ser, dejarlas elegir -sobre todo cuando tienen más de cuarenta años-. Si tu objetivo es estar más cerca de tu hija, puedes hacer todo lo que esté en tu mano para lograrlo, pero no porque se lo hayas escuchado a una amiga, o el cura lo haya dicho en misa o porque en tu familia se estile así, sino porque lo deseas. Si tu hija ve que lo deseas, curiosamente, ralentizará más su velocidad y la incertidumbre, esa que se asienta en tu estómago y no te hace sentir bien, se reducirá a cero...

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