sábado, 11 de junio de 2011

QUERER, PODER, DEBER

Móvil que cuelga en la terraza de nuestra casa en Madrid
Estos son los tres elementos necesarios para tomar una decisión: porque quieres, porque puedes y porque debes. Para mí, además, es imprescindible hacerlo en este orden.

El intríngulis comienza con la tercera cuestión: ¿qué es lo que se debe o lo que no? Nuestra cultura judeo-cristiana nos lo ha puesto muy difícil, la verdad, -debes venir a misa, debes obedecer a tus padres, no uses condones, debes tener una familia comodiosmanda, debes compartir lo que tienes (a ser posible con nosotros), debes morirte cuando el señor te llame y no cuando te dé la gana, debes ser austero (no con nosotros), debes poner la otra mejilla (sobre todo si somos nosotros los que te atizamos)...- y la sociedad se ha encargado del resto -debes ser normal (detesto profundamente esta palabra), esto es: heterosexual, casado, hombre (bastante mejor que mujer), tener entre 2 y 3 hijos, con un coche de más de 200 caballos, un chalet adosado, un perro (a ser posible un cocker y si es negro, lo bordas), tienes que viajar, vestir bien, practicar algún deporte, tener una buena dentadura, tener amigos, tener facebook y un iphone y un ipad, y al menos 2 tarjetas de crédito-...

Agotador... lo sé... Ya he escrito de esto en otras ocasiones: la dichosa moral religiosa, y civil; eso que unos pocos se inventaron para tener control sobre el resto. Y, por cierto, ¿qué hay de la felicidad? perdonadme la incómoda pregunta pero es que... hemos venido a eso ¿no?

Esta mañana escuché a un padre que decía a su hijo: papá es quien dice lo que hay que hacer y lo que no. Cuidadito con los caminos fáciles, que después salen pedregosos, que algunos se acostumbran y cuando se hacen mayores ya es demasiado tarde para recuperar la facultad de pensar...

Pero es que... ¿el DEBER es algo malo? pues claro que no, de hecho hay un debes legítimo, el que tiene que ver con tu ética, tus principios y tus valores y con la responsabilidad de ser todo lo mejor que puedas ser para ti y para los demás (en este orden); pero has de prometerme que los revisarás: ¿de verdad son tuyos? ¿o son heredados?

Cuando uno se hace adulto (algo que cada vez sucede más tarde) una de las mayores ventajas es que puedes elegir, no tanto lo que eres -sobrevenido por la familia y el entorno en el que has caído- sino todo aquello que puedes ser. Cada día, cada minuto, tendrás la posibilidad de elegir; verás que, cuanto más practiques más querrás hacerlo, porque elegir es hacer uso de la libertad.

¿Que cómo se sabe si nuestro debe es nuestro? yo lo sé porque el mío coincide con lo que quiero y con lo que puedo.

La razón por la que hoy he escrito sobre esto es que me preocupa que tu escala esté invertida y que te muevas por lo que debes, después por lo que puedes y por último, porque lo quieres. Es difícil conseguir el 3 de 3, así es que, para colmo, algunas veces, te quedas con los dos primeros y palante. Me preocupa porque ese es, exactamente, el proceso inverso a la felicidad. Desde que me he dado cuenta tengo un sentimiento de compasión inexplicable. No creo que pueda ayudarte a cambiar eso, no puedo luchar contra todo lo que has aprendido, pero puedo mostrarte por qué merece la pena cambiarlo, y lo haré...

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