miércoles, 20 de julio de 2011

Enantiodromia

Salzsburgo, 2010
Batman, Superman, el Capitán América, Mr. Increíble, Ironman... todos lo saben: el bien no tiene razón de ser sin el mal, el blanco no podría existir sin el negro, la vida sin la muerte, los guapos sin los feos, ni hablar de los altos, o los inteligentes o los delincuentes. Todas estas facetas están dentro de nosotros. Si no permitimos cierto equilibrio -somos generosos pero, de vez en cuando, nos damos algún capricho- el desequilibrio se apodera de nuestro ser creando una imagen externa cada vez más alejada de nuestro fuero interno.
Mr. Jones (M. Figgis, 1993)

Parece ser que la bipolaridad es la patología del siglo XXI, no sé ni cuántas veces he escuchado ese diagnóstico en los últimos años (he leído en algún sitio que la actriz galesa, Catherine Zeta Jones, había sido ingresada hace poco por esta razón lo que le otorga categoría de rollo de moda). La enantiodromia, más cerca de una profunda neurosis, sucede a personas muy exigentes que rayan la perfección, personas brillantes en sus vidas profesionales y, aparentemente, también en sus vidas personales, personas que no se permiten fallar.

No hay quien resista esa presión aunque algunos han encontrado en el ejercicio físico un gran aliado. Los que no lo practican están más predispuestos a estallar, a hacer algo que no contemplan sus perfectas mentes educadas a base de mucho sacrificio y mucha disciplina. Pero, cuidado, el día que estallen (y lo harán) no se conformarán con robar una chocolatina en la gasolinera más cercana, el día que estallen pasarán cosas terribles, o maravillosas, eso nunca se sabe...

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