miércoles, 15 de agosto de 2012

Nostalgia

Melancholia (L. Von Trier, 2011)
Película muy recomendable: Melancolia (Lars Von Trier, 2011). La primera parte puede resultar algo lenta para aquellos que más que disfrutar del cine lo fagocitan con hambre infinita, pero con algo de paciencia, merecerá mucho la pena; al menos la sed estética quedará saciada, lo garantizo. Como con todas, hay que elegir bien el momento para disfrutarla porque es una película tremendamente triste, tanto que me ha contagiado de inmediato y al momento de acabar he tenido la necesidad de regresar a un lugar y a un tiempo pasado, a un momento en el que me sentí, por primera vez en mi vida, con una ausencia total de melancolía.

Nostalghia (A. Tarkovsky, 1983) 
Nostalgia. Recuerdo que le encantaba esa película. A mí también. Nostalgia es la palabra que necesito para contar lo que siento en este instante, la tristeza melancólica fruto del recuerdo de aquella dicha perdida... 
No es que ahora no sea feliz,  hace muchos años que soy feliz. Me lo tomo tan en serio esto de la felicidad que me he entrenado a fondo para practicarla cada día... :-) Pero aquella... aquella era una felicidad sin entrenamientos, sin haber sido buscada, una felicidad encontrada. Una de esas maravillas que el destino te reserva y que me llevó a un pueblecito, en la costa oeste de Gales, a miles de kilómetros de mi casa y al que nunca hubiera situado en el mapa si alguien no se hubiera empeñado (gracias, gracias, gracias... nunca te lo agradeceré lo suficiente).
Si el mundo se acabara dentro de un minuto, cerraría los ojos y me iría a Aberystwyth, el lugar en el que aprendí a vivir.
Maggie (Aberysthwyth, 2001)
Entonces yo era Maggie, una irlandesa extraída de una novela de Frank McCourt. Vivía en un sótano de la residencia John Williams y en mi habitación siempre era de noche. A penas cinco metros cuadrados daban para mucho, para todo. Había una chimenea tapiada que decoré con un collage de fotografías de indios de la India, frente a la que me sentaba, en cuclillas, a pensar.
Esa es la primera vez que soñé con la India. 

Antes de que saliera el sol trabajaba limpiado un saveway, labor que realizaba mientras mi jefe me contaba mil historias, historias de las que no entendería nada los tres primeros meses porque el inglés que yo creía saber no era el que hablaban allí... Cuando amanecía volvía a la residencia, me duchaba y me iba a clases. Estudiaba en la Facultad de Ciencias de la Información. Un lugar increíble, en medio del bosque; diseñado para querer saber más.

Al principio me sentía completamente sola. Sin entender el idioma, sin poder salir ni a tomar una cerveza (me había gastado todos los ahorros en el viaje... aunque esa es otra historia...). Daba largos paseos hasta Constitution Hill, comía sandwiches de coronation chicken y mis ratos libres los gastaba en el old college, escribiendo largos e-mails repletos de amor.
Unagi (S. Imamura, 1997)
Según iban transcurriendo los meses mi vida iba mejorando, la soledad se me hacía amiga. Empecé a leer mucho, a escuchar la radio y a ver cine japonés que allí descubrí y que desde entonces y para siempre es mi debilidad.
Esa es la primera vez que soñé con Japón.

Comencé a admirar la belleza de aquel lugar, de sus gentes. La dimensión de mi nuevo tiempo era tremendamente rica, tremendamente única, distinta a cualquiera antes conocida. Mis sensaciones se hiperbolaban y los detalles cobraban una importancia vital: un paseo, una cena, una carta, una visita...
No recuerdo una impresión de libertad como aquella. Podía reinventarme, ser quien quisiera y como deseara.
Me fui a una peluquería y le pedí que me cortaran todo el pelo, aquella melena rubia tan característica en mí... ya no la necesitaba para mi nueva identidad. Era yo, más yo que nunca, hablando en una lengua que no era la mía y viviendo una vida que ni en mis mejores sueños hubiera podido vivir.

Terminé mi licenciatura y fue el momento de elegir. No quería regresar, quería permanecer allí, en el lugar que me había dado una nueva oportunidad, que me había enseñado a ser feliz conmigo misma. Pero regresé... quizás... si no lo hubiera hecho... ahora no sería el lugar al que suelo volver cada vez que me visita el vacío, no sería el refugio en el que sueño, el tiempo de la felicidad y mi razón para tener una profunda y maravillosa nostalgia...

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